Como un Bob Dylan recién llegado de un Erasmus en el Caribe, Juan Galgo mezcla movidos ritmos caribeños con los más lentos patrones de la balada folk, desde el desarraigo de las rancheras hasta la ligereza del pop o el rock. En este caleidoscopio de cuña incierta hay imbricadas reflexiones nihilistas con alegres estribillos pegadizos, sencillez y complejidad, poesía y música popular, desenfado y la más honda desesperación. Los nexos de unión entre esta en aparente ecléctica encrucijada de influencias que van desde Jorge Drexler a Cat Stevens, desde Bob Marley hasta Nacho Vegas, de Extremoduro a Simon and Garfunkel o de Quique González a Los Beatles, son el sonido de una voz tenue y sincera y un estilo de escritura claro y directo.